Desde España, una pequeña dosis de sentido común.

Tomado de una página elaborada en las Islas Canarias, por un orientador psicopedagógico y con fines evidentemente didácticos (http://www2.gobiernodecanarias.org/educacion/17/WebC/eoeptf10/default.htm). Una ternura, son temas para niños, pero… ¿los adultos realmente aplicamos todo esto en nuestra vida cotidiana? Habría que autoevaluarnos…

Civismo

La convivencia no depende sólo de los grandes principios o valores morales (derechos humanos, libertad, pluralismo, diálogo, tolerancia…). Los seres humanos se relacionan entre sí con pequeños detalles, con gestos a primera vista insignificantes, con acciones aparentemente de poca entidad. A estas conductas menores llamamos virtudes cívicas. Su influencia en la convivencia puede ser decisiva. Por eso, hay que educarlas en la escuela.

  Virtudes cívicas

Las virtudes cívicas comprenden un conjunto de conductas, sin  la entidad de los grandes principios o valores morales de la persona, necesarias para una buena  convivencia, manifestadas en las relaciones personales de la vida cotidiana, cuyo cumplimiento con-vierte al individuo en buen ciudadano. El respeto, primera virtud cívica

No es fácil precisar las virtudes o conductas cívicas más importantes para una convivencia positiva. Una cosa es cierta: el respeto en la primera virtud cívica. Un buen ciudadano respeta las cosas, las plantas, los animales y las personas:

  • Respetar las cosas (los recursos naturales, los objetos fabrica-dos por el hombre, las instalaciones públicas y privadas…) porque ayudan a vivir y son patrimonio común.
  •  Respetar las cosas quiere decir no maltratarlas, usarlas sin despilfarro, utilizarlos para el fin que sirven, mantenerlas limpias y en orden.
  • Respetar las plantas, porque adornan el paisaje, vitalizan el ambiente, alimentan a hombres y animales, pueblan la naturaleza.
  • Respetar las plantas significa no destruirlas ni deteriorarlas, preocuparse por su mantenimiento, admirar su variedad y belleza.
  • Respetar los animales, que ocupan un lugar importante en la naturaleza y en la vida humana.
  • Tratar bien a los animales exige cuidarlos bien, alimentarlos debidamente, prestarles el aseo adecuado, rodearlos de las condiciones idóneas.
  • Respetar a las personas, que están por encima de las cosas, las plantas y los animales, tienen las mismas necesidades y aspiraciones que nosotros y reclaman nuestra ayuda y respeto.
  • Tratar bien a las personas exige tener conciencia de la dignidad del ser humano, valorando sus derechos y necesidades, no hacer daño a nadie física ni moralmente, ayudar a los demás  colaborando con ellos

Decálogo del buen ciudadano

Además del respeto, primera virtud cívica, el buen ciudadano debe estar adornado de una serie de virtudes o conductas realmente importantes para la convivencia de la sociedad. Reseñamos las  principales:

– Respetar las leyes y normas que rigen la vida de la sociedad.

– Cumplir las obligaciones de hacienda.

– Observar fielmente las normas de tráfico.

– Ayudar a la conservación de la naturaleza.

– Votar responsablemente en las elecciones.

– Ser sensible con los más necesitados.

– Huir de la agresividad y de la violencia.

– Actuar con sentido de solidaridad.

– Desarrollar un verdadero compromiso social.

– Valorar los pequeños detalles.

 

Código de buenas costumbres

Existe además una serie de conductas, casi siempre sociales, llamadas vulgarmente buenas costumbres, que enriquecen a las personas y favorecen la convivencia.

Ofrecemos una sencilla relación o código de buenas costumbres:

–       Trabajar bien: con esfuerzo, constancia, orden, empleo de técnicas adecuadas, creatividad.

–        Saber escuchar para aprender de los demás.

–        Querer a la familia, viviendo en ella unas relaciones afectivas intensas.

–         Tener amigos, cultivando las buenas amistades.

–        No hablar mal de la gente, siendo tolerante y fijándose más en lo bueno que en los defectos.

–        Ser agradecido con las personas que merecen nuestra gratitud.

–        Actuar con naturalidad, evitando las manifestaciones de soberbia, exhibicionismo, apariencia…

–        Ser animoso y fuerte ante los problemas y dificultades de la vida.

–        No perder la paciencia, conservando siempre la calma, controlando los nervios, siendo capaz de dominar la situación.

–        Decir siempre la verdad, evitando la mentira y el engaño, como una exigencia moral para con uno mismo y con los demás.

–        Saber jugar con nobleza y deportividad, buscando el divertirse más que una exagerada competencia.

–        Ver las cosas del lado bueno, sin perder nunca la esperanza.

  Urbanidad o buenos modales

En toda sociedad existen unas normas que regulan el comportamiento de las personas en la vida social. Son normas convencionales, pero sirven en cuanto son vivencia y expresión de una conducta moral profunda, que se respeta a sí mismo y a los demás.

Las principales normas de urbanidad o buenos modales, válidas para cualquier ambiente social, son las siguientes:

–          Vestir bien: según lo requiera la ocasión, sintiéndose cómodo, con pulcritud y elegancia.

–          Aseo personal, que exige ducha frecuente, lavado de manos, ir bien peinado, limpieza de la boca, cuidado de la barba y afeitado…

–          Presentarse y saludar con corrección, ante distintas personas, en situaciones distintas, usando el tratamiento adecuado.

–          Buenos modales en la mesa: posturas más idóneas, uso de cubiertos, cómo tomar los alimentos…

–          Puntualidad, llegando a la hora y sitio convenidos.

–          Ceder el paso y dar trato de preferencia a las personas de más edad o categoría.

–          Hablar bien, escuchando, dejando hablar, evitando expresiones despectivas y ofensivas.

–          Dar las gracias y saber disculparse cuando hemos recibido un favor o hemos fallado o nos hemos equivocado.

–          Tener compostura corporal al estar sentado, de pie, al andar…

–          Detalles de cortesía en las relaciones personales: felicitaciones y condolencias, acontecimientos sociales, hacer y recibir visitas, correspondencia escrita, regalos…

–          Evitar las manifestaciones de ira, genio o agresividad en cualquier ambiente: casa, trabajo, amigos…

–          Cuidar el aspecto físico: no engordar, cuidado del cabello, caspa, acné…

Actitudes y conductas

Las actitudes y conductas, relacionadas con las virtudes cívicas y que deben ser educadas desde la escuela de Educación Primaria, están suficientemente descritas en el apartado anterior: respeto a las cosas, plantas, animales y personas, decálogo del buen ciudadano, código de buenas costumbres, urbanidad o buenos modales.

 

No hace falta especificar nada más.

Observaciones pedagógicas

No es fácil educar en la escuela las Virtudes Cívicas. Son unos  valores bastante olvidados o devaluados. Pero es necesario hacer-lo, porque cada vez se reclama un mayor sentido cívico en nuestra sociedad. El profesorado de esta etapa actuará con los siguientes criterios:

–          La raíz de la convivencia está en el respeto. El respeto de las personas demostrará su índice o nivel de ciudadanía. Esto debe ser lo primero al educar a los alumnos.

–          Como consecuencia de lo anterior, tenemos la responsabilidad en las propias obligaciones y compromisos. Hay que enseñar a los alumnos a ser responsables ante sí mismos y ante los demás.

–          Es preciso también asumir la importancia de los pequeños  detalles, de los buenos modales. La convivencia se forja con detalles como saludar, dar las gracias, pedir disculpas, preguntar y contestar con amabilidad, interesarse por los demás, hablar con respeto y elegancia, actuar con sencillez y bondad…

Todo esto hay que exigirlo y vivirlo en la escuela. El valor de la urbanidad o buenos modales no radica en su cumplimiento externo de unas normas, sino en el sentido con que se cumplen o viven. Sirven solamente en cuanto son vivencia y expresión de un profundo respeto y estima de los demás. Hay que proyectar este enfoque en los alumnos y alumnas.

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