Muere el escritor mexicano Carlos Monsiváis

Antier,  Saramago; ayer, Monsiváis… que ahí quede, ¿no? 😦

El cronista y ensayista mexicano Carlos Monsiváis murió hoy a los 72 años después de que estuvo más de dos meses ingresado en un hospital de la capital mexicana por problemas respiratorios, informaron fuentes oficiales.

Un portavoz de la Secretaría de Salud informó del fallecimiento de Monsiváis, el cual ocurrió entre las 13.00 y 14.00 hora local (18.00 y 19.00 GMT). Monsiváis había sido internado en el hospital de Nutrición Salvador Zubirán, en el sur de la capital mexicana, desde principios de abril pasado aquejado por males respiratorios. El hospital aún no ha dado el parte médico del fallecimiento del escritor, autor, entre otras, de obras como “Días de guardar” (1971), “Los rituales del caos” (1995) y “Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina” (2000).

El escritor nació en la Ciudad de México el 4 de mayo de 1938 y estudió en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Era un escritor prolífico, de agudeza intelectual, por lo que se le consideraba como un indispensable analista de la vida nacional. Obtuvo numerosos reconocimientos y el más reciente le fue otorgado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo (CCPNP), el pasado 12 de mayo cuando tenía ya más de un mes hospitalizado.

Un comentario sobre “Muere el escritor mexicano Carlos Monsiváis

  1. CARLOS MONSIVAIS, EL FUTBOL, LA IZQUIERDA ASTILLERA
    Con finísima ironía Don Carlos Monsiváis, podía entender perfectamente las raíces del patrioterismo, del fanatismo religioso, del caló rural, de las tribus urbanas. Analizó las actitudes del mexicano y las comparó con las de otras regiones, otros países. Comprendió y estudió las manifestaciones culturales de todo tipo, desde las más elitistas a las mas ´populares y arraigadas, desde las mas exquisitas a las mas burdas.
    Aunque abierto militante de la izquierda, reivindicador de los derechos civles, fue también un duro crítico de la izquierda antigua, dogmática y rígida. Por eso, que hueva da leer cosas así:

    “La plausible victoria de un equipo profesional de balompié resulta así contaminada por la manipulación largamente anunciada que de ese ente representativo del más popular de los deportes han hecho tanto el calderonismo, que ha buscado colgarse de los éxitos y la fama del conjunto tradicionalmente identificado con el color verde (aunque en esta copa se ha usado uniforme negro, tal vez en concordancia con la situación real del país), como los grupos empresariales (sobre todo Televisa y Televisión Azteca, más algunos anunciantes principales, como Bimbo con su campaña de hacer sánduiches) que inflan los logros de la mencionada selección con propósitos absolutamente comerciales, tratando de inyectar en la audiencia dosis electrónicas narcóticas que hagan olvidar la triste y difícil situación diaria de las mayorías e incluso lleven a fabricarse por necesidad un falso orgullo nacional, con paraísos artificiales de euforia y bienestar que mueven al consumismo buscado por los patrocinadores y que desaparecen en cuanto la droga futbolera también cesa”.

    Escrita en la columna Astillero de Julio Hernández. Que se publica…en La Jornada, naturalmente.
    Sabía que alguien escribiría algo así, no sabía quien pero que provendría de la izquierda -de la vieja, la de pantalones de terlenka-. Como si el festejo de un triunfo futbolero desplazara a la realidad. Como si la gente que le gusta el futbol y lo vive de esa manera, solo tuviera una especie de ON/OFF (si entra uno, no hay lo otro). ¿no hay forma de regocijarse con un triunfo en el futbol y al mismo tiempo ser conciente de nuestras carencias y desgracias?, ¿una cosa desplaza a la otra?.

    En el ánimo de no ser tan amargoso ni tan anticlimático, El Astillero -que tiene buen sentido del humor- bien podría explicar que un pueblo necesita de estos incentivos triunfadores -aunque sean pasajeros- Con tanto que deplorar: ejecutados todos los días, 40% en la miseria, sin crecimiento económico, sin reformas que muevan el país, y todas las plagas de Egipto, con una realidad así, ¿a poco no es saludable un poco de sentido triunfador?. ¿porqué negarle eso a un pueblo que pasa por tantas calamidades? ¿que molesta?

    Me dirá el Astillero que el no se toma unos tragos con los amigos, festeja lo que sea y se da tiempo para la alegría, solo porque mañana, la realidad será la misma: oscura, lúgubre, pésima.

    Debería saber El Astillero que, para algunas personas -esas de la miseria y de abajo de la línea de pobreza- es de los pocos momentos en el año que le distienden y le dan cierta ilusión. A muchos nos levanta el ánimo y nos decimos que podemos hacerlo, que se puede. Los triunfos deportivos para eso sirven. En los países comunistas, los éxitos deportivos han tenido una manipulación política mucho peor -véase Cuba-. Ahí, los triunfos deportivos son asuntos de Estado.

    Sabemos que el negocio redondo es de las televisoras, de las agencias de viajes, de anunciantes, de muchos ricos y ricachones que se benefician con el mundial, pero también hay muchísimas personas en México que fabrican camisetas de la selección, pelotas, posters, etc, que son de origen “pirata” y que venden puestos ambulantes y en las calles de nuestras ciudades; productos que no pagan impuestos y que remedan a los artículos “oficiales”. Si la selección pierde, no solo deja de ganar Televisa y asociados, también los piratas, muchos de ellos protegidos y clientes electorales de la izquierda.

    La posición de El Astillero respecto del futbol, es la de la vieja izquierda: formal, rígida, lúgubre -de traje negro- aquella que no permitía la risa ni el festejo porque había una realidad que combatir y el revolucionario no se puede permitirse distracciones pueriles como el futbol. ¡por favor!

    Si la realidad es terca, ahí va estar, nada la va a pasar si nos damos la ilusión de que no somos los mismos perdedores de siempre -ya lo seremos en octavos de final- de que el ludismo, el esparcimiento, el relax -que si le quieres meter pasión le agregas patrioterismo y orgullo nacional- se lo merecen los ricos, los pobres y los clasemedieros hasta los izquierdistas de tiempo completo.

    ¡pinche Astillero amargoso y mamón!

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